Compré unos plátanos maduros en el supermercado, y cuando llegué a casa, los pelé para comerlos, me horrorizó darme cuenta de que en realidad no era un plátano…
El racimo de plátanos amarillos, brillantes y fragantes que compré en el mercado parecía perfecto hasta que llegué a casa. Me senté en la mesa de la cocina y escogí…









